Kopuk, amor y compromiso por el cuidado de tu piel y del planeta

¡Bienvenidos a esta nueva #HistoriaDeBazzares ! Esta vez conoceremos a Dilber, una apasionada ecologista turca con corazón peruano que busca a través de sus jabones mejorar no solo la piel de sus clientes, sino también hacer del planeta un lugar más sostenible y justo para vivir. Acompáñanos a conocer más sobre Kopuk, Jabones Artesanales hechos con mucho amor y conciencia ambiental.

 

¿Cómo te llamas? Cuéntanos un poquito de ti.

Hola. Me llamo Dilber, pero aquí la gente me conoce como Lua. Soy ingeniera industrial y bailarina de hip-hop y salsa. Nací en Turquía y vivo en Perú desde hace aproximadamente dos años. Me gusta leer sobre historia y las religiones antiguas. Me considero ecologista, me gusta alimentar a los animales callejeros, reducir mis niveles de contaminación, reciclar y utilizar elementos biodegradables. Me gusta el café, la buena música y, obviamente, hacer jabones. Es como una terapia. He sido miembro de la Academia de Ética de mi universidad por varios años. Ahora trato de aplicar los valores y prácticas, que aprendí ahí y en casa, en todas las decisiones que tomo.

 

¿Cómo conociste Bazzar.pe?

Para un negocio es importante poder llegar a la mayor cantidad de personas posible. Más cuando los productos son “generosos”. Es nuestro deber permitir que todos tengan la oportunidad de probarlos. Cuando estuvimos haciendo la investigación de mercado, encontramos Bazzar.pe como una de las opciones principales en el buscador. La investigamos y supimos que era la plataforma adecuada con la cual tener una alianza.

¿Qué soñabas ser de pequeña?

Definitivamente no soñaba con crecer. No tuve la suerte de crecer rodeada de muchos niños de mi edad con quien jugar, pero mi mamá es una mujer muy creativa y siempre tenía ideas geniales para mí. Solíamos hacer casas de cartón y decorarlas con telas y maderas. También hacíamos muñecos de barro en el jardín, cantábamos y bailábamos. Éramos mejores amigas. Mi papá siempre me contaba historias sobre la gente que veía en la calle y momentos graciosos de su trabajo. Nunca imaginé, específicamente, qué trabajo haría yo en el futuro; sin embargo, sabía que sería como mi madre.

 

¿Desde cuándo surgió la idea de tu marca? ¿Cuándo la lanzaste?

Mis abuelos son dueños de grandes campos de olivo, cerca al mar, en Turquía. Siempre hemos usado el aceite de oliva para diferentes cosas. Desde peeling de aceite con arena, hasta jabones para uso familiar. Desde que fui bebé, el olivo ha sido parte de mis cosméticos. Mientras cursaba mis estudios universitarios, siempre quise terminar la carrera y empezar a aprovechar esos campos de olivo para poder llegar a otras personas en todo mi país. Todos tenemos derecho y obligación a cuidar nuestra piel y el planeta con calidad. Sin embargo, antes de graduarme me enamoré de un peruano, quién ahora además es mi socio, y decidí venir a Perú después de graduarme. Los primeros meses aquí, tuve que usar jabones comerciales, pero mi piel reaccionó mal. Me lo esperaba. Así que empecé a fabricar mi propio jabón en cuanto pude. Tiempo después, tras mucha investigación y experimentación, mi novio me motivó a tomar la decisión de crear la marca y comercializarla. No fue fácil atreverme. Me enamoré de Perú también, y con el tiempo me di cuenta que podíamos aprovechar todos los recursos naturales que hay en este maravilloso país. Los peruanos son muy afortunados. Nuestro lanzamiento fue en Junio y formalizamos la empresa en Agosto de este año con el fin de contribuir al desarrollo del país a través del pago de impuestos.

 

¿Qué te inspiró a crearla? ¿En qué te inspiras para hacer tu producto?

La principal motivación fue siempre saber que con cada jabón aumentaba las probabilidades de generar un cambio positivo en el mundo. Así de “simple”.

 

¿Qué te gustaría conseguir con la venta de tus productos?  

Mi intención es reducir la contaminación ambiental, eliminando los químicos de los artículos de uso diario. Además el empaque de mis productos también es amigable con el medio ambiente. Otro objetivo es reducir el maltrato animal, esto frenando la experimentación con animales.  Mis jabones son veganos, no utilizamos aceites animales ni aceite de palma hasta que se descubra, para este último, una producción sustentable. El aceite de palma es muy bueno, pero prefiero no usarlo si voy a dejar sin casa a muchos animales. El daño que los cosméticos naturales causan a la piel, debido a diferentes químicos que se agregan para su producción, parece invisible a los ojos y la razón de las personas. Esto tiene que cambiar, yo quiero ayudar.

 

 

¿Qué problemas has tenido como emprendedor? ¿Cómo lo solucionaste?

Al inicio es difícil encontrar proveedores en quienes confiar, en cuanto a calidad y precio. Algunos insumos son realmente caros en Perú, lo cual me obligaría a incrementar los precios. Sin embargo, prefiero reducir las ganancias de la empresa, en lugar de cobrar más al cliente. De esta manera permito que el producto sea asequible para todos. Otro problema, que en realidad es más un reto, consiste en ayudar a que la gente entienda cuál es la función de un jabón. Muchas veces los clientes toman el jabón y lo primero que hacen es olerlo, luego te preguntan si hace burbujas o no. Los jabones naturales tienden a producir menos burbujas, ya que no le agrego químicos que creen burbujas falsas. Además, las burbujas no son sinónimo de limpieza. La industria nos ha hecho creer esoy es muy complicado romper con esa manera de pensar. Entre más huele un producto de limpieza, más químicos tiene. ¿En serio queremos “oler” a costa de la saturación de nuestra piel y del planeta? Bueno, yo no voy a colaborar con eso. Podemos tener una piel linda y radiante sin químicos, créanme.

 

¿Qué te gusta de Bazzar.pe? ¿Qué crees que haría falta? ¿Qué esperas obtener de tu experiencia en Bazzar.pe?

Me gusta mucho la diversidad de productos que hay en la web. Proveen los servicios necesarios, esto te da seguridad como emprendedora. La visibilidad de mis productos en el mercado on-line es fundamental, y Bazzar.pe te da esa oportunidad. Estoy orgullosa y contenta con mis productos, y estar presente en esta plataforma me motiva a seguir trabajando para juntos poder ayudar a generar consciencia.

 

Un consejo para aquellas personas que tienen una idea pero aún no se atreven.

Me atrevo a hacer una confesión. Como ingeniera industrial, tomé varias clases de negocios y empresa. Sin embargo, nunca quise ser una empresaria. Me aterrorizaba, sentía inseguridad y que no tenía la experiencia necesaria para crear una marca. No me sentía capaz, hasta que en un viaje a Cusco recordé cómo aprendí a nadar. Un día mi abuelo nos llevó a mi primo y a mí a pescar. Nosotros ya sabíamos nadar, pero no teníamos el coraje de lanzarnos al mar.

Esa tarde, mi abuelo nos empujó y caímos del bote. Al inicio me desesperé, sentí temor, pero algo dentro de mí me decía que podía hacer algo para no ahogarme. Segundos después, estaba flotando tranquila en el medio del océano. Mi abuelo nos dijo: “Lo que les falta es coraje. Ustedes saben nadar, pero no se atreven. Siéntanse libres de pensar que pueden ahogarse, pero también depende de ustedes salir a flote”. En ese momento con diez años, no entendí que la vida me tenía preparado otro empujón a los 26 años.

 

¿Qué harías si mañana te despertaras y no existiera la plata? o ¿Qué harías si te levantas un día con 1 millón de soles en la cuenta?

El dinero es indispensable hoy en día, pero no quiero que este rija todo lo que hago. Sin dinero podemos recordar el valor del intercambio o el trueque que practicaban nuestros antepasados. No tiraríamos la ropa cuando pasa de moda o tiene una pequeña falla, tampoco desperdiciaríamos la comida. Las personas regresarían a cosechar sus propios alimentos en los jardines, volveríamos a estar conectados con la naturaleza. Ese sería el mundo ideal para mí, pero en el mundo real necesitamos del dinero para conseguir casi todo. Por ejemplo, me gustaría tener mucho dinero para poder invertir y crear una ONG que proteja a los animales y la naturaleza. Protegerlos de nosotros mismos, y para eso me caería bien 1 millón de soles en la cuenta de Köpük.

 

Como Dilber, todos tenemos algo con qué aportar para un mejor planeta y por qué, para emprender un negocio justo y sostenible.

¡Te invitamos a visitar el bazzar de Dilber y conocer sus productos, hechos con amor para el cuidado de tu piel y del planeta!